sábado, 12 de mayo de 2012

Recuerdos (parte 2 de 3)



y en los que me sentía cada vez mas lejos de ella, al estar siempre junto a Gale, al
preferirlo siempre a él. Pero… ese momento era completamente nuestro. Y por un
instante me sentía el gran triunfador sobre Gale.


Aunque la sola idea me estremeció, ¿como tú?, ¿tu, querrías morir junto a mí?
siendo que yo te habría dejado matarme sin dudarlo ni un solo segundo. En
ese momento a demás de mi confusión, tuve la esperanza de que no fuera una
actuación, ya que fui capaz de apreciar que tus sentimientos eran genuinos, al
estar dispuesta a morir junto a mí, y yo estaría dispuesto a morir mil veces junto
a ti, siendo tu imagen lo último que viera de este mundo, me iría feliz entre tus
brazos, disfrutando de el perfume de tu piel.


Acaricie por lo que yo creí que sería la última vez, tu hermoso cabello, y nos
dispusimos a comer aquellas vallas venenosas, aunque casi no pude verlas,
porque me encontraba perdido en la inmensidad de tus hermosos ojos grises.
Reconozco que no había lugar en mi corazón para el miedo a la muerte, ya que
tenía lo que más amaba en el mundo frente a mis ojos, tú, siempre tú… Katniss
everdeen.


Pero por obra del destino o la suerte, que nos tenía preparados aun más, nos
declararon a ambos los ganadores de los septuagésimos cuartos juegos del
hambre, y sentí un enorme alivio, al no tener que morir.


Pero, fue entonces, cuando caí en la cuenta de que todo había sido parte del
juego, una maravillosa mentira, que al final de cuentas nos permitió seguir con
vida. Y de nuevo el dolor de la verdad me invadió, tu nunca me has querido,
aunque al menos me quedaría tu recuerdo, el cual estaba dispuesto a atesorar
toda mi vida.


El regreso a nuestro distrito, fue algo confuso al volver a la realidad de tantos
y tantos años, viéndote solo de lejos, aunque ahora tenía más de lo que algún
día pude soñar… los recuerdos de aquellos momentos, que aunque fueran
solo una actuación, para mi fueron los más hermosos de mi vida. Y los que me
acompañaran hasta el final de mis días.


Después de la jira de los vencedores, me conformaba solo con verte de vez en
cuando, aunque los silencios incómodos volvieron, al menos estaba cerca de
ti. Hasta aquel día en que sentí que el corazón se me rompía en mil pedazos
cuando te vi besar a Gale, sentí una mezcla de celos, rabia, desesperación,
impotencia ante lo ocurrido, sentí la necesidad de huir, muy lejos de ti, de no
estorbarte, para que fueras feliz a su lado. Yo ya sabía que lo amabas a él, pero
no tenía que verlos besarse, fue lo más doloroso que he sentido, aun más que la
tortura de la que fui objeto en el capitolio, aun más que eso. Pero me contuve, no


permití que las lágrimas que sentía al borde de mis ojos se escaparan de ellos,
y solo guarde silencio. Ante tu mirada confusa al saber que los había visto, solo
pude ignorarlo y como siempre tratar de ayudarte.


Pero, ¿no como puede ser?, ahora tendríamos que participar de nuevo en los
juegos, sin dudarlo me ofrecí como voluntario para tratar de protegerte y sin
dudarlo, tratar de dar la vida por ti ya que si por haberte amado un solo segundo
de mi vida, por haber disfrutado del regalo más dulce, una sonrisa, un beso, una
caricia tuya, merecía la muerte, entonces bienvenida sea por siempre.


Ese fue un momento muy confuso para mi, tantos sentimientos mezclados en mi
interior, la tristeza por saberte ajena a mí, la angustia por la posibilidad de perderte
en los juegos, ya que, si de algo estaba seguro, era de que como fuera, tú tendrías
que ser feliz, aun que no fuera conmigo. Es por eso que la posibilidad de ganar
en los juegos nunca fue una opción para mí, no si con ello te perdía, reconozco mi
cobardía al no poder vivir sin saber que tu existes.


Y de nuevo, el viaje en tren hacia el capitolio, aunque nuestra relación ya se había
estrechado un poco más, fuera de las cámaras, aun resentía el no poder estar
en tu corazón, pero no tendría que hacerte participe de mi dolor, tu no, nunca
podrías saber hasta qué grado me rompías el corazón, y todo era un ir y venir, de
incertidumbre y confusión por nuestra resiente amistad, aquella que esta vez sí,
si era real, el conocerte, tratar de comprender tus verdaderos sentimientos hacia
mí, tener la dicha de saber tu color favorito, tu comida favorita etc. Pequeños
detalles que me parecían completamente encantadores. Y me atreví a mostrarte
mis cuadros, aquellos que pinte en mi soledad, terribles escenas de los juegos,
en los que siempre estabas tú, como un recordatorio de la fuerza y valor que me
diste para soportarlos, y ¿Cómo no podrías estar tú? Si siempre has sido tú, tu mi
inspiración, tu mi fortaleza, tu mi gran amor.


El pintarlos me ayudo a soportar las pesadillas, aquellas que me asechaban
cada noche, terribles escenas en las que te veía muerta a manos de Cato, era
entonces cuando me despertaba con el miedo infinito de no ser una pesadilla, si
no una cruel realidad.


Hasta aquella noche en que me hiciste el hombre más feliz del mundo, cuando me
pediste que me quedara contigo en tu habitación, por fin dormiría junto a ti, por
tu propia voluntad, porque me necesitabas, tal vez porque sentías que yo podría
entenderte a la perfección, esa noche mientras dormías, me concentre en sentir
tu respiración muy cerca de mi corazón, tenía la gran felicidad de cuidar tu sueño,
de sentir de nuevo tu calor inundando todo mi ser, el perfume de tu piel, de tu
cabello, te veías tan preciosa, mi preciosa, poco a poco me quede dormido, hasta


que volví a ser presa de las pesadillas y me desperté paralizado por el terror, solo
que esta vez tuve la maravillosa sensación de tu cuerpo junto al mío, de inmediato
voltee para encontrarte abrazada a mí, en ese preciso momento supe que ya no
podría volver a dormir en paz si tu no estabas junto a mí.


Una vez más, presentándonos ante el capitolio, solo que esta vez había muchas
diferencias, ya que en la primera ocasión, pese a todas las sensaciones que
me estremecían al estar a tu lado, también se encontraba el deseo de al menos
una sola vez en la vida probar la miel de tus labios. Pero ahora ya había vivido
momentos inolvidables a tu lado, no podía hacer otra cosa más que tomarte de
la mano, ahora tenía la seguridad de que no lo hacías por obligación, como la
primera vez, ahora era por completo deseo de hacerlo, y no pude evitar sentir de
nuevo esperanzas aunque fueran las más mínimas, pero al fin esperanzas de que
algún día tal vez llegaría a ganarme tu corazón, aquel que sería el regalo más
preciado que me podría dar la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario